Recordando a Yukio Mishima
Releer El marino que perdió la gracia del mar, obra maestra de sesenta y dos páginas de Yukio Mishima, es remontarse a la adolescencia de una forma difícil de explicar. Su autor tenía cuarenta años cuando la escribió, y aún así cada línea en este libro parece provenir de alguien muchísimo más joven.
A la vez me recuerda esta época puesto que por entonces los libros que uno lee, son los que preceden a la leyenda de un autor, y qué figura mitológica de la literatura es más impactante para un adolescente que la de este señor, que escribió 40 novelas, 18 obras de teatro, 20 libros de relatos y veintitantos de ensayo para irse a morir de una forma tan dramática, sin conseguir nunca el aspirado Nobel.
Recuerdo que lo que más me impresionaba de este tipo era su pasión por la recuperación del Boshido de los Samurai. Fue un escritor que dominaba a la perfección artes marciales como el karate y el kendo, que fundó un club con más de 100 miembros para recuperar este código (como su pequeño ejército personal). Una pasión que además estaba siempre presente en sus obras, que aunque buscaban una estética mucho más moderna siempre parecían atadas al lastre de las costumbres antiguas.
Un magnífico creador de atmósferas que siempre imprimía en los diálogos de sus personajes una carga filosófica pesada, con una visión particular de la vida que configuró la narrativa de sus creaciones.
Su primera novela tocaba el tema de la homosexualidad en el Japón de la posguerra, de ahí siempre se mantuvo presente en la vida pública de su país inmerso en un escándalo perpetuo. Fue nominado al nobel en varias ocasiones, pero en 1968, cuando Kawabata recibió la presea, supo que nunca la conseguiría (aún cuando el receptor del Nobel declarara que tuvo que haber sido suyo).
Para mí su mito siempre se ha cernido por encima de su obra, aún cuando esta es genial en todo sentido. La fascinación por la muerte que lo llevó a cometer seppuku (suicidio ritual japonés) de esa manera.
Se infiltró a un campamento militar junto con su pequeño grupo de seguidores, abdujo al comandante del regimiento e intentó convencer a los soldados, por medio de un manifiesto, para que dieran un golpe de estado. El intento culminó en burlas y abucheos que seguían sonando cuando Mishima se atravesó el estómago y luego fue decapitado por uno de sus amigos (antiguo amante suyo).
Aún cuando esto sucedió en la vida real (con un trabajo de preparación teatral alrededor), para mí siempre será una de las muertes más impactantes en la literatura (como si ocurriera dentro de los universos de ficción que él mismo creó).

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